Psicoterapia y vínculo terapéutico

PUEDES VERLO TODO, PERO NO TE CREAS TODO LO QUE VES

Sherlock Holmes, la observación y los engaños de nuestra propia interpretación.

Vicente Navarro Escriba, psicólogo en Sabadell
Vicente Navarro Escriba Psicólogo General Sanitario·Sabadell·5 min de lectura
Escalera antigua vista desde abajo, en referencia a los diecisiete escalones de Sherlock Holmes
Watson había subido esos escalones cientos de veces. Holmes sabía que eran diecisiete.

SHERLOCK HOLMES Y EL ARTE DE OBSERVAR

En Escándalo en Bohemia, relato de Arthur Conan Doyle publicado en 1891, Sherlock Holmes le dice al doctor Watson: «Ves, pero no observas».

Y no se queda ahí. Le pregunta cuántos escalones hay entre el vestíbulo y la habitación en la que están hablando. Watson los ha subido cientos de veces y no sabe responder. Holmes sí: diecisiete, porque los ha visto y además los ha observado.

La frase encierra una distinción fundamental: percibir algo no significa comprenderlo, del mismo modo que observar un hecho no garantiza interpretar correctamente su significado.

Mientras preparaba este artículo, estaba convencido de que la frase que da título al texto pertenecía a Sherlock Holmes. Habría defendido su autoría con absoluta seguridad. Sin embargo, al comprobar la referencia, descubrí que se la había atribuido erróneamente.

La anécdota resulta reveladora: incluso cuando creemos recordar algo con claridad, podemos estar equivocados. La seguridad con la que sostenemos una idea no demuestra que sea cierta.

ENTRE LO QUE VEMOS Y LO QUE CREEMOS

La mente no se limita a registrar la realidad. Selecciona información, relaciona hechos y construye explicaciones a partir de nuestras experiencias, expectativas, creencias y temores.

Un mensaje que no recibe respuesta puede interpretarse como rechazo. A partir de esa conclusión, alguien quizá se distancie, responda con frialdad o deje de buscar el contacto. La otra persona, desconcertada por ese cambio, también puede alejarse. Finalmente, la distancia parece confirmar la sospecha inicial, aunque todo comenzara con una interpretación que nunca se comprobó.

Así se construyen algunas certezas: no necesariamente a partir de pruebas, sino de interpretaciones que terminan condicionando los acontecimientos.

NUESTRA MENTE NO ES UNA CÁMARA FOTOGRÁFICA

Recordar no equivale a reproducir fielmente lo sucedido. La memoria reconstruye, selecciona y reorganiza la información. Además, tendemos a prestar mayor atención a aquello que confirma nuestras creencias y a restar importancia a lo que las contradice.

Este sesgo de confirmación puede llevarnos a interpretar una mirada, un silencio o una coincidencia como pruebas de algo que ya sospechábamos.

Peter Wason lo demostró en 1960 con un experimento muy sencillo. Entregaba a cada participante tres números, 2, 4 y 6, y le decía que seguían una regla que debía descubrir proponiendo otras series. Casi todos propusieron series que confirmaban su hipótesis, en lugar de series capaces de refutarla, y así llegaron a reglas equivocadas que encajaban con todo lo que habían comprobado. De veintinueve personas, solo seis acertaron a la primera, y entre ellas estaban precisamente las que habían intentado contradecirse a sí mismas.

El problema no está en elaborar hipótesis: es una capacidad necesaria para comprender el mundo. La dificultad aparece cuando dejamos de considerarlas hipótesis y empezamos a tratarlas como hechos demostrados.

Una explicación puede resultar convincente y, aun así, ser equivocada.

CUANDO UNA EXPLICACIÓN PARECE UNA VERDAD

En mi experiencia clínica me he encontrado con explicaciones que relacionaban el malestar de una persona adulta con un episodio concreto de su infancia. En un caso, el sufrimiento de una persona de unos cuarenta años quedaba explicado por un plan que le habían prometido de pequeña y que nunca llegó a cumplirse.

No se trata de afirmar que aquel recuerdo careciera de importancia para esa persona, ni de negar que las experiencias infantiles puedan dejar huellas profundas. El abandono, la violencia, la humillación o la exposición a situaciones traumáticas pueden tener consecuencias duraderas.

La cuestión es otra: que un recuerdo nos conmueva o que una explicación parezca encajar no basta para demostrar que ese episodio sea la causa del sufrimiento actual. Para establecer una relación causal es necesario considerar la historia completa de la persona, las circunstancias y otras posibles explicaciones.

En psicología, comprender exige algo más que encontrar una narración que dé sentido al dolor. Exige mantener abierta la posibilidad de que nuestra primera interpretación sea incompleta.

LOS MIEDOS INFANTILES: SENTIR NO ES LO MISMO QUE CONFIRMAR

Esta diferencia entre lo que sentimos y lo que podemos dar por cierto empieza mucho antes de la vida adulta.

En la infancia, algunos niños pueden sentir que hay alguien escondido en su habitación, temer que les ocurra algo terrible al entrar en el baño o angustiarse ante la posibilidad de que un familiar sufra un accidente.

El miedo es real, aunque la amenaza imaginada no necesariamente exista. Por eso, ayudar a un niño no consiste en ridiculizar su temor ni en confirmar automáticamente aquello que teme. Consiste en escuchar, comprender qué significa para él y ayudarlo, de acuerdo con su edad y sus circunstancias, a distinguir entre lo que siente y lo que está ocurriendo.

Comprender un miedo no exige dar por cierta la amenaza que lo provoca. Y cuestionar una interpretación no significa negar la emoción de quien la experimenta.

Esta distinción también es importante en la vida adulta. Una emoción puede ser legítima sin que la interpretación que la acompaña sea necesariamente correcta.

EL TERAPEUTA TAMBIÉN PUEDE EQUIVOCARSE

La psicoterapia tampoco está libre de estos riesgos. Un silencio, una expresión o una reacción del paciente pueden despertar interpretaciones en el profesional. Los conceptos de transferencia y contratransferencia ayudan a explorar algunos de estos fenómenos, pero no convierten cada gesto en una prueba ni permiten conocer con certeza lo que ocurre en la mente del otro.

El terapeuta puede equivocarse al interpretar una reacción, del mismo modo que el paciente puede equivocarse al interpretar al terapeuta. A veces, además, el paciente percibe correctamente una actitud que el profesional no ha reconocido en sí mismo.

Por eso, la propia interpretación clínica debe someterse a revisión. No basta con que una hipótesis encaje en una teoría: debe contrastarse con la historia, las palabras y la experiencia de la persona, sin forzar los hechos para que confirmen lo que se esperaba encontrar.

La prudencia no debilita el trabajo terapéutico. Lo hace más riguroso.

PENSAR DE OTRA MANERA NO SIGNIFICA PENSAR EN POSITIVO

Desde la terapia cognitiva que Aaron T. Beck desarrolló en los años sesenta y expuso en Cognitive Therapy and the Emotional Disorders (1976), entre otros enfoques, se trabaja sobre la relación entre pensamientos, emociones y conductas. El objetivo no es sustituir una idea negativa por otra optimista, sino examinar las pruebas disponibles, identificar posibles distorsiones y considerar interpretaciones alternativas.

Ante un conflicto, por ejemplo, puede ser útil distinguir entre lo que la otra persona hizo, lo que se ha sentido y lo que se ha concluido sobre sus intenciones.

No siempre descubriremos una respuesta definitiva. A veces, el resultado más valioso será reconocer que no disponemos de información suficiente para afirmar algo con seguridad.

APRENDER A MIRAR DE NUEVO

La observación requiere atención; comprender exige, además, cierta distancia respecto a nuestras propias conclusiones.

Conviene preguntarse qué sabemos, qué estamos suponiendo y qué otras explicaciones podrían dar cuenta de lo sucedido. No para desconfiar de todo ni para convertir cada decisión en una investigación interminable, sino para evitar que una interpretación provisional termine gobernando nuestra manera de vivir.

Quizá el problema no sea que no veamos la realidad, sino que confundimos lo que vemos con lo que creemos que significa.

Vicente Navarro Escriba

Psicólogo General Sanitario · Sabadell
N.º Colegiado 5636 (COPC)
Más de 36 años de experiencia clínica

Autor de los artículos de este blog sobre psicología, psicoterapia y salud mental, elaborados a partir de la experiencia clínica, la evidencia científica y la reflexión sobre la naturaleza humana.

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