Hace aproximadamente 300.000 años aparecieron los primeros Homo sapiens. Sin embargo, la Psicología y la Psiquiatría, tal y como hoy las conocemos, apenas tienen algo más de un siglo de historia. Quizá por eso todavía seguimos intentando comprender cómo afecta el mundo en que vivimos a nuestra mente.
La neurastenia de Beard
En 1869, el neurólogo estadounidense George Miller Beard popularizó el término neurastenia para describir un estado de agotamiento físico y mental que relacionó con el ritmo de vida de la sociedad industrial. Pensaba que los rápidos cambios sociales y tecnológicos estaban sometiendo al sistema nervioso a una exigencia para la que no estaba preparado.
Más de ciento cincuenta años después, el mundo ha cambiado de forma radical. Vivimos conectados casi de manera permanente. El teléfono móvil nos acompaña desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Recibimos información continuamente, respondemos mensajes, consultamos redes sociales y tenemos la sensación de que siempre hay algo pendiente por hacer.
El «Homo Digitalis»
Podríamos llamar a este ser humano «Homo Digitalis». No es un diagnóstico ni una enfermedad, sino una forma de describir al hombre y la mujer de nuestro tiempo. Una persona que vive en una sociedad donde parece que nunca es suficiente: hay que producir más, rendir más, saber más y estar disponible casi las veinticuatro horas del día.
La sociedad victoriana imponía normas rígidas y una fuerte represión de las emociones. La nuestra ofrece mucha más libertad, pero también nuevas formas de presión.
Hoy la exigencia muchas veces ya no viene de fuera: somos nosotros mismos quienes nos imponemos un ritmo difícil de sostener.
No pretendo decir que la ansiedad o la depresión tengan una única causa. Sabemos que intervienen muchos factores: biológicos, psicológicos y sociales. Pero también es cierto que el entorno en el que vivimos influye en cómo nos sentimos y en la manera en que afrontamos las dificultades de la vida.
Comprender el mundo para comprendernos
El propósito de este blog es precisamente reflexionar sobre esa relación entre la persona y su entorno. Porque comprender el mundo en el que vivimos también puede ayudarnos a comprendernos un poco mejor a nosotros mismos.
La psicoterapia no puede cambiar el mundo en que vivimos, pero sí ayuda a comprender cómo nos relacionamos con él. Aprender a escuchar nuestras emociones, reconocer límites y cuestionar exigencias personales y sociales constituye, en muchas ocasiones, un primer paso hacia el bienestar.
Cuando esa exigencia se concentra en el ámbito del trabajo, el desgaste puede adoptar formas concretas que también pueden abordarse desde la psicoterapia en el ámbito laboral.
Quizá la neurastenia de la que hablaba Beard ya no exista como diagnóstico. Sin embargo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿estamos pagando el precio de vivir en un mundo que cambia mucho más deprisa que nosotros?