Vicente Navarro Escriba,psicólogo general sanitario en Sabadell

 FIBROMIALGIA Y DEPRESIÓN: ¿QUÉ OCURRE CUANDO EL CUERPO HABLA?

 Hace tiempo que acompaño a personas que sufren ansiedad, depresión, dolor crónico y otras muchas formas de malestar psicológico. A lo largo de este tiempo he aprendido que, en ocasiones, el cuerpo expresa aquello que la mente no ha conseguido elaborar.

 La fibromialgia constituye uno de los mejores ejemplos de la complejidad del sufrimiento humano. Se trata de un trastorno caracterizado por dolor musculoesquelético generalizado, fatiga persistente, alteraciones del sueño y dificultades cognitivas, entre otros síntomas. Durante muchos años fue cuestionada por parte de algunos profesionales, precisamente porque las pruebas médicas no siempre lograban explicar la intensidad del dolor que describían quienes la padecían.

Hoy sabemos que la fibromialgia es una realidad clínica. Sin embargo, seguimos preguntándonos por qué aparece, por qué afecta a unas personas y no a otras, y por qué con tanta frecuencia convive con problemas como la ansiedad o la depresión.

Es importante aclarar que la depresión no provoca la fibromialgia, del mismo modo que la fibromialgia no explica por sí sola la aparición de una depresión. Ambas pueden coexistir y alimentarse mutuamente, formando un círculo difícil de romper.

Vivir con dolor constante supone un enorme desgaste físico y emocional. Muchas personas ven limitada su vida laboral, social y familiar. Poco a poco aparecen la frustración, la sensación de incomprensión y el miedo a no volver a encontrarse bien. Cuando el sufrimiento se prolonga en el tiempo, es comprensible que aparezcan síntomas depresivos.

Pero la relación también puede producirse en sentido contrario.

Desde la psicología sabemos que las emociones mantenidas durante largos periodos de tiempo modifican nuestra forma de percibir el cuerpo. El estrés continuado, la ansiedad, la tristeza o los conflictos emocionales pueden aumentar la percepción del dolor, alterar el sueño, favorecer la fatiga y disminuir la capacidad para afrontar las dificultades cotidianas.

Por ello, reducir la fibromialgia exclusivamente a un problema físico sería tan incompleto como atribuirla únicamente a causas psicológicas. El ser humano no puede dividirse en cuerpo y mente como si fueran dos realidades independientes. Ambos forman parte de una misma experiencia vital.

Con frecuencia, detrás de quienes padecen fibromialgia encontramos historias marcadas por largos periodos de exigencia personal, responsabilidades familiares, estrés mantenido, pérdidas importantes o experiencias traumáticas. Esto no significa que esos acontecimientos expliquen siempre la enfermedad, pero sí nos recuerda que el sufrimiento psicológico también deja huellas en nuestro organismo.

La psicoterapia no elimina la fibromialgia, ni pretende sustituir los tratamientos médicos. Su función consiste en ayudar a comprender cómo cada persona vive su enfermedad, cómo afronta el dolor y qué recursos psicológicos pueden mejorar su calidad de vida.

A veces, el mayor sufrimiento no proviene únicamente del dolor físico, sino de sentirse incomprendido. Muchas personas con fibromialgia han escuchado frases como "todo está en tu cabeza" o "si quisieras podrías hacer una vida normal". Nada resulta más injusto para quien convive diariamente con un dolor que condiciona todos los aspectos de su existencia.

Quizá la pregunta más importante no sea únicamente por qué aparece la fibromialgia, sino qué necesita cada persona para recuperar, en la medida de lo posible, el control sobre su propia vida.

Porque la psicoterapia no siempre puede hacer desaparecer el dolor, pero sí puede ayudar a disminuir el sufrimiento que ese dolor genera. Y, en muchas ocasiones, esa diferencia cambia profundamente la manera de vivir la enfermedad.

Vicente Navarro Escriba
Psicólogo General Sanitario · Sabadell
N.º Colegiado 5636 (COPC)
Más de 36 años de experiencia clínica

Autor de los artículos de este blog sobre psicología, psicoterapia y salud mental, elaborados a partir de la experiencia clínica, la evidencia científica y la reflexión sobre la naturaleza humana.

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