MIS FANTASÍAS MÁS OCULTAS

La sexualidad forma parte de nuestra intimidad, pero también de nuestra historia, de nuestros deseos y de aquello que muchas veces preferimos mantener en silencio.

Fantasías, deseos, miedos, contradicciones… no todo aquello que habita en nuestra mente necesita convertirse en realidad para tener un significado.

Hablar de sexualidad también significa poder hacerlo sin juicios, comprendiendo que detrás de aquello que deseamos, imaginamos o rechazamos puede existir una parte de nosotros mismos que merece ser escuchada.

¿QUÉ ES?

La sexualidad forma parte de nuestra manera de ser, de relacionarnos y de sentir. No es solamente el acto sexual. También están el deseo, la intimidad, las fantasías, el placer, el cuerpo, la afectividad y la manera en que vivimos nuestra propia sexualidad.

Cada persona tiene una historia diferente y también una manera diferente de vivirla. Lo que para unos resulta natural, para otros puede generar dudas, miedo, vergüenza o conflicto.

Quizá por eso hablar de sexualidad no debería consistir en decir qué es normal y qué no lo es, sino en comprender qué significado tiene para cada persona aquello que desea, imagina, teme o no consigue expresar.

SÍNTOMAS

Las dificultades sexuales pueden aparecer de muchas maneras: falta de deseo, dificultad para excitarse, problemas para alcanzar el orgasmo, dolor durante las relaciones, dificultades de erección o eyaculación, entre otras.

Pero no todo problema sexual tiene necesariamente un origen sexual.

A veces detrás de una dificultad encontramos ansiedad, miedo, inseguridad, problemas de pareja, estrés, experiencias anteriores o una imagen negativa del propio cuerpo.

Y en ocasiones el problema comienza precisamente cuando empezamos a preocuparnos demasiado por si estamos funcionando como deberíamos.

¿CUÁNDO PEDIR AYUDA?

Cuando una dificultad sexual empieza a producir sufrimiento, vergüenza, frustración o afecta a la relación con la pareja o con uno mismo.

También cuando evitamos la intimidad, cuando el deseo desaparece y no sabemos por qué, o cuando una preocupación relacionada con la sexualidad ocupa demasiado espacio en nuestra vida.

No es necesario esperar a que el problema destruya la relación para pedir ayuda.

La sexualidad también forma parte de nuestra salud y de nuestra manera de relacionarnos con los demás.

¿CÓMO SE TRABAJA?

Lo primero es poder hablar de aquello que muchas veces permanece en silencio.

Intentar comprender qué está ocurriendo, desde cuándo, en qué circunstancias aparece y qué pensamientos, emociones o experiencias lo acompañan.

A veces será necesario trabajar la ansiedad, el miedo al fracaso o la excesiva preocupación por el rendimiento. Otras veces habrá que mirar la relación de pareja, la historia personal, las experiencias anteriores o la manera en que cada persona vive su propio cuerpo y su deseo.

No se trata de enseñar a alguien cómo debe vivir su sexualidad. Se trata de ayudarle a comprenderla y vivirla con mayor libertad.

¿QUÉ TIPO DE TERAPIAS PUEDEN AYUDAR?

Las dificultades sexuales pueden abordarse desde diferentes orientaciones psicológicas. El enfoque cognitivo-conductual puede ayudar a trabajar pensamientos, miedos y conductas que interfieren en la respuesta sexual.

También pueden ser importantes los enfoques humanistas, sistémicos, existenciales o psicodinámicos, especialmente cuando la dificultad está relacionada con la autoestima, la historia personal, la pareja, los vínculos o determinados conflictos internos.

En muchas ocasiones, además, la terapia sexual necesita tener en cuenta a la pareja, porque la sexualidad no siempre ocurre dentro de una sola persona: también ocurre entre dos.

¿CUÁNDO PUEDE CONFUNDIRSE CON OTROS PROBLEMAS?

Una dificultad sexual puede estar relacionada con problemas psicológicos, pero también puede tener causas médicas, hormonales, neurológicas o estar relacionada con determinados medicamentos.

También puede confundirse con problemas de pareja, ansiedad, depresión, estrés o dificultades relacionadas con la propia imagen corporal.

Por eso es importante no apresurarse a buscar una única explicación.

La sexualidad es demasiado compleja para reducirla solamente al cuerpo o solamente a la mente. Somos ambas cosas, y entre ellas existe una historia que merece ser comprendida.

Y quizá lo más importante sea recordar que no existe una única manera correcta de vivir la sexualidad mientras exista libertad, respeto y consentimiento.