¿ Y si solo me tenéis estresado ?

A veces buscamos explicaciones complejas para aquello que nos ocurre sin detenernos a mirar algo más sencillo: quizá llevamos demasiado tiempo viviendo bajo presión. Exigencias, responsabilidades, preocupaciones y un ritmo de vida que no siempre permite detenerse pueden terminar haciendo que el cuerpo y la mente permanezcan en alerta.

No todo malestar necesita convertirse inmediatamente en una etiqueta. A veces necesitamos comprender qué estamos soportando, cuánto tiempo llevamos haciéndolo y qué precio estamos pagando por intentar mantenerlo todo bajo control.

Vicente Navarro Escriba,psicólogo general sanitario en Sabadell

¿QUÉ ES?

El TDAH no es simplemente un problema de atención ni significa que una persona no quiera prestar atención.

Es una forma particular de funcionamiento en la que pueden aparecer dificultades para mantener la atención, regular los impulsos y organizar determinadas actividades. También puede existir una necesidad mayor de movimiento o una dificultad para gestionar el tiempo, las tareas y aquello que requiere un esfuerzo sostenido.

Y hay algo importante: una persona con TDAH puede concentrarse muchísimo cuando algo le interesa y, sin embargo, tener grandes dificultades para hacerlo cuando la tarea resulta poco estimulante.

Por eso no siempre es una cuestión de querer hacerlo. A veces querer no es suficiente cuando existen dificultades para regular cómo, cuándo y dónde dirigir la atención.

SÍNTOMAS

Las manifestaciones pueden ser diferentes en cada persona.

Dificultad para mantener la atención, olvidos frecuentes, problemas para organizarse, perder objetos, dejar tareas a medias, dificultad para gestionar el tiempo o tendencia a posponer aquello que resulta difícil o poco motivador.

También pueden aparecer impulsividad, inquietud, necesidad de movimiento, dificultad para esperar o tendencia a actuar antes de pensar.

En algunas personas predominan las dificultades de atención; en otras, la impulsividad y la hiperactividad. Y en otras aparecen ambas.

No existe un único TDAH.

¿CUÁNDO PEDIR AYUDA?

Cuando estas dificultades comienzan a interferir de manera significativa en la vida cotidiana.

Cuando afectan al rendimiento escolar o laboral, a las relaciones, a la organización de la vida diaria o a la autoestima.

También cuando la persona lleva años escuchando que es vaga, despistada, desorganizada o que «no se esfuerza lo suficiente», y empieza a creer que el problema está en su voluntad.

A veces pedir ayuda no sirve solamente para cambiar una conducta. También sirve para comprender por qué llevamos tantos años luchando contra ella.

¿CÓMO SE TRABAJA?

No se trata simplemente de decirle a una persona que se concentre más.

Hay que comprender cómo funciona su atención, qué situaciones le resultan más difíciles, cómo organiza el tiempo, qué estrategias utiliza y qué consecuencias está teniendo todo ello en su vida.

Puede ser necesario trabajar la organización, la planificación, la gestión del tiempo, la impulsividad y determinadas estrategias de atención.

Pero también es importante trabajar aquello que muchas veces aparece después de años de dificultades: frustración, inseguridad, culpa o una imagen negativa de uno mismo.

Porque no es lo mismo tener una dificultad que terminar pensando que uno mismo es la dificultad.

¿QUÉ TIPO DE TERAPIAS PUEDEN AYUDAR?

El enfoque cognitivo-conductual puede ser útil para desarrollar estrategias de organización, planificación, gestión del tiempo, regulación emocional y modificación de determinados hábitos.

También puede ser importante un enfoque integrador que tenga en cuenta la historia personal, las relaciones, la autoestima y las dificultades que se han ido acumulando a lo largo de los años.

En niños y adolescentes, además, resulta especialmente importante trabajar con el entorno familiar y escolar, porque el TDAH no se desarrolla en el vacío.

La intervención debe adaptarse a la persona y a su momento vital.

¿CUÁNDO PUEDE CONFUNDIRSE CON OTROS PROBLEMAS?

Las dificultades de atención, impulsividad, inquietud o desorganización pueden aparecer también en situaciones de ansiedad, estrés, depresión, problemas de sueño, dificultades emocionales o determinadas circunstancias familiares y escolares.

Por eso no todo niño inquieto tiene TDAH, ni todo adulto despistado lo tiene.

Para hablar de TDAH es necesario realizar una valoración adecuada y comprender cómo han aparecido las dificultades, desde cuándo están presentes y en qué contextos se manifiestan.

Antes de poner una etiqueta, quizá convenga hacer algo que parece sencillo pero no siempre hacemos:

intentar comprender a la persona que hay detrás de la conducta.